viernes, 3 de octubre de 2014



EL ÚLTIMO BESO

Sentada  a su lado me cautivó la fuerza de su verde mirada, como olas de mares enfurecidos que ceden plácidamente al llegar a la orilla, acariciando mis labios con tus besos ya perdidos,
SOÑÉ



En la inmensidad del patio desolado recuerdo meciéndome en el columpio rosado, esas mecidas fueron movidas sin medidas, fuertes muy fuertes, seguidas unas tras otras, dos, tres, cuatro cinco…..mil, nada me detuvo, el éxtasis me invadió de inmenso placer, así mi cuerpo se elevaba hacia el espacio infinito. Volaba, pasaba sobre arboles inmensos, edificios, rascacielos de todos los mas lindos colores, reía y lloraba frenéticamente del goce de sensaciones irreemplazables, así subí y subí y mientras mas subía mi cuerpo se erizaba, era tan extraordinario que al fin del infinito, al fin llegaba, todo se hizo azul cielo y sobre una nube caí, allí permanecí sentadas sobre la nube densa tan densa que mis ojos cerré, soñé, pero pronto desperté y llore al acabar mi sueño de dulce placer.

martes, 10 de septiembre de 2013

tan frágil



A hermosa se trasformaba mi madre, cuando se sentaba a coser mi vestido de  “Primera Comunión”, blanco como el alma de los pájaros, blanco como la leche maternal que alimenta en salud a la humanidad que sabe amar.
Colocaba su blanco y delgado pie sobre el pedal de su máquina de coser Synger,  la aguja  ese su corazón, corría  enlazando sus sueños como el encuentro con el Padre Celestial. Observaba y me hacia invisible, flotaba en el espacio, iba y venía, así de pronto desaparecía.
Los días transcurrían y no  lograba el sueño conciliar. Solo añoraba ese momento en el cual todo mi cuerpo virginal sería cubierto con el éxtasis viscoso en forma de traje de mujer.
La espera era inmensa, será que nunca  la costura iba a terminar, ¿Cuándo con el mi cuerpo cubriré?
Gruí, gruí, suena el motor de la maquina synger de mi madre.
Gruí, gruí  y la aguja corre,  el hilo dibuja un vestido fino, de brillante seda de papel. Gruí, gruí  ese sonido rápido, seguido, desbocado, que corre a gritos sobre el papel adolorido, en un penetrar forzoso rompe el hilo, ella suelta la tela, doy un paso hacia adelante, toma desquiciada la tijera y ella enfurecida me corta como si fuese de tela.
Siempre la quise evitar y así lograba volar, siempre lo pude muchas veces lograr, subir, flotar hacia el infinito, me perdía así mi alma se sentía protegida.
Llegó el gran día, era tal mi alegría que me sintiá muy grande, transparente, la bella niña mujer, cubierta de rosas blancas. Si era gigante como la esperanza, del tamaño de los sentimientos.
Arrodillada en el último puesto de la iglesia a todos mis compañeros como ángeles pude ver, pero yo  ese día era la gran y más bella mujer, que a Dios conmigo quería tener.
No hubo festejo, nada, a solas en el callejón de casa, mi tristeza no podía entender.

martes, 6 de agosto de 2013

EL PILAR


Cuando mi papá me llevo por primera vez al colegio me sentía extraña, asustada sin sabiduría, siempre me percibía así.

Caminamos y caminamos y así al colegio llegamos, este era semejante a un monasterio, grande e imponerte como la altivez de los caballos que patean cuando caen en lo profundo del hoyo, se levantan, cabalgan erguidos y libres su sendero.

Salió a nuestro encuentro una virtuosa monja de sonrisa bondadosa, rostro redondo y rosado. Dulcemente me tomo de la mano y condujo a un salón de clases, me dio papel, lápiz y muchos creyones de los mas bellos colores, no hubo intercambio de palabras en ningún momento, solo intercambio de fijas miradas, la ausencia de sonidos era abismal, cerrando la puerta me dejo sola en el lugar.

Pinte un majestuoso mar azul furioso, su oleaje bailaba y giraba al compás de la música de aves sonora enfiladas en el infinito cielo celestial. Perdida y tan sola como ese sentimiento de aislamiento y desamparo pinte un barco blanco en medio de ese mar en su triste soledad.

Se acababan las horas mientras dibujaba lo que era mi imaginaria evaluación. Oí de cerca las voces de papá y la monja, entraron al salón de clases.
Papá: Lili ya nos vamos.
Monja: Hasta mañana Dilida.
Lili: Me despedí con la mirada embobada.

Al llegar a la casa, papá le comenta a mi madre. ¨Lili paso horas haciendo un dibujo¨. Mamá me miró de forma burlona, dándole riendas sueltas a sus carcajadas. Al terminar sus punzantes expresiones, papá exclamo…Aura…
Sentí como mi alegre semblante cambio para triste.