Un día después del almuerzo, él se dirigió a su habitación para descansar.
Yo conduje mi vehículo hacia la casa donde pronto nos mudaríamos. Esa tarde me dispuse limpiar los ventanales de la sala, al finalizar subí al piso para acostarme, no me sentía bien, algo andaba mal con mi salud.
Con mi pie desnudo sobre la puerta del ropero al empujar hacia mover la hamaca,
sobre la cual apaciblemente descansaba. La sensación era tan divina que pronto quede vencida, a la vez que susurraba:
Aserrín!
¡ Asearán
Los maderos de San Juan,
Piden queso, piden pan,
Los de Roque
Alfandoque,
Los de Raquee
Alfeñique
¡Los de triqui, trique, tran!.( Poema de José Asunción Silva).
Pronto la situación era confusa, en medio de la quietud había ruido, sentía que mientras mi cuerpo gozaba el placer del descanso, el ruido hacia abandonar mi inconsciencia, la repentina agitación me hizo despertar.
Lo vi.
Él gritaba a la vez que sacudía la hamaca donde estaba acostada, la zarandeó tan fuerte que caí al piso.
Divina hermanita, perfecta criatura de dios. Abatido por el dolor a nuestro padre vi partido en dos. Figura deshecha, lánguido, con su mirada perdida, en sus brazos te dijo adiós. Nunca le hizo falta tu presencia para sentirte y seguir amándote. Estrella fugaz, de brillo dorado pintaste el camino que condujo a Dalia y Papá a tu lado.
El vigilante del Pre-escolar José Manuel Alegría
disfrutaba de su día libre los domingos, por ser día de descanso
resultaba difícil que alguien lo relevara de sus funciones, entonces me
encargaba y asumía tal responsabilidad.
Una vez más, uno de los tantos domingos por la noche tuve que pernoctar,
ya que Julio el vigilante de guardia se volvió a emborrachar.
Eran las siete de la noche, la calle estaba completa mente silenciosa y
oscura. En sus alrededores solo había terrenos abandonados, pero la casa
del Pre-escolar Alegría era tan bella como una estrella, pintada de
colores verde y amarillo acuarela.
El clima era muy agradable, hacia un sereno y placentero fresco. El área
del parque estaba impregnado del perfume embriagador de las flores
madreselva, la luna hacia brillar mi corazón.
Ese domingo decidí quedarme al cuido del Pre-escolar. Llego la noche, me
dirigí al parque para cerrar, cuando estaba colocando el candado a la
reja llegó mi hijo menor con un amigo, les abrí la puerta, para que entraran y justo en
ese mismo instante llega él.
Baja del auto apresuradamente, colocó sus manos grandes en la reja amarilla y exclamo: ¿Dónde está el vigilante?
Yo: Se fue.
El: - Y tú que eres una vaga.
- Irresponsable.
- ¡Qué dejas el Pre-escolar solo!
- No haces nada.
- Aquí no hay nadie.
- No jodas.
Yo: Yo voy a cuidar el Pre-escolar como siempre!!!
Recuerdo la mirada de vergüenza de mi hijo, del amigo el parpadeo de sus
pupilas fijas en mí. Eran unos adolescentes, se fueron lo más pronto
que les fue posible.
El entro hacia el interior del Pre-escolar, yo permanecí en el parque con mi nieta.
Ya no sentía el sereno y placentero fresco, el ambiente, ya no olía al
perfume embriagador de las flores madreselva, ya mi corazón no
brillaba.
Luego el se fue sin pronunciar una sola palabra. Mi nieta y yo nos
acostamos en la misma cama, permanecimos abrazadas largo rato.
Esa noche no pude dormir, recuerdo claramente los ruidos que hacían las
ratas, trémula observaba el ventanal imaginando que un hombre se
asomaba, eso me causaba escalofrío y encogía la espalda, pero lo único
que realmente pude ver y sentir fue como la luna se escondía entre las
nubes y nos dejaba solas. Lloraba en silencio para que mi nieta no me
escuchara, en cada gemido sentía que el alma se me escapaba.
Hace años un mañanero y grotesco domingo, siendo mis hijos aún niños, estaban peleando en su habitación.
El escucho sus gritos, en el acto elevo sus canillas insipidazas, y de un salto de rana se levantó.
Abrió violentamente la puerta de la habitación, entro furioso, el
escándalo ceso. Buscaba debajo de la cama, en el maletero, en el mueble,
hurgaba, haciendo caer todo al piso, hasta que saco dos bates de jugar
pelotas.
A gritos estrepitosos, con gestos contusionados de su boca, les
ordeno :"quiero que comienzen a golpearse", al mismo tiempo les
entregaba un bate a cada uno.
Todo sucedió tan rápido, no comprendía nada. Me senté lentamente en la cama con el cuerpo arrugado así guarde silencio.
Ellos quedaron fríos y así estáticos como momias. Furioso los sacudio,
les coloco a cada uno un bate en sus manos. Sus brazos caían hacia
abajo, no sostenían con fuerza los bates, entonces le grito: a
golpearse, deseen coñazos, duro, muy duro. Ellos comenzaron a darle,
pero no a sus cuerpo, sino que golpeaban los bates, parecían que
estaban jugando a las espadas pero con bates.
La escena, el sonido de los bates TAC- TAC , sus gritos y actitud
fuera de control a la vez que mis pensamientos murmuraban: si se dan en la cabeza, sangre va
haber sangre, permaneci inmóvil...
Aún recuerdo a mi hijo menor, con los ojos desorbitados, llenos de
lagrimas, con un rictus de desesperación, suplicándome ¡Mamá ayuda!
¡Mamá ayuda!
Sólo con una imagen soñé, atónita quedé, al ver como me caía encima
una puerta grande que se movía, la misma se borraba, he iba apareciendo
automáticamente otra imagen en forma de cerradura, la cual giraba igual
a las agujas de un reloj.
El sueño se detuvo.
Ya consciente recordé, a la llave dos vuelta no gire. Sentí un tiro
que me sentó en la cama, me levante, baje corriendo las escaleras,
prendí mi camioneta y arranque.
Llegue, trate de abrir las rejas del preescolar, no tenia las llaves
en la mano. Apresuradamente me dirigí al vehículo para buscarlas,
esté estaba cerrado con las llaves dentro.
Impotente me recosté en la camioneta, la calle no tenia alumbrado
eléctrico, todo estaba muy oscuro. De repente me cegaron las luces
encendidas de un vehículo que se acercaba a gran velocidad. Justo en ese
instante advertí que estaba descalza, sin ropa interior, con una prenda
de dormir transparente, corta, con un gran escote en forma de V.
Me lance al piso, cerré los ojos con todas mis fuerzas, permanecí
debajo del vehículo por unos instantes, tan eternos. Mí pobre corazón
sollozaba desconsolado de tanta incertidumbre.
Cuando el silencio y la quietud de la noche regreso, como una
serpiente inválida logre arrastrarme hacia fuera, salí del escondite
cubierta de mugre.
Me acerque de nuevo hacia la reja, presione el timbre largo rato, a
vez que observaba la inmensa oscuridad del ambienté, abrigando la
esperanza de ver la figura impávida del vigilante, abriendo esa puerta.
Todo era en vano, decidí avanzar hacia la reja del garaje, donde se
encontraba ubicada la garita, aposento del vigilante. Lo llame a gritos…
Todo seguía igual, era lo mismo.
Una calle oscura.
Un preescolar cerrado.
Un vehículo atrancado.
Un vigilante durmiendo.
Una mujer casi desnuda.
Era luna nueva.
El temblor me sacudía hasta los pies, mi corazón comenzó a enfermar.
Casi moribunda, decidí pegarme a la larga pared, deslizándome
lentamente, dando la impresión de ser imágenes pintadas en ella. Pude
llegar a la casa de la esquina, donde aun vive mi amiga.
Solo la llame dos veces, Nubia, Nubia.
Regocijada, la vi salir con los ojos casi cerrados ¡fue mi salvación¡
Nubia: Mujer ¿Qué haces a estas horas y con esa facha?
Yo: No se, préstame un vestido.
Nubia: Si, si.
Cuando regreso con el vestido y las pantuflas, le relate todo.
Yo: Soñé que dejé abierta la puerta de la dirección, no se como
llegue hasta aquí, mírame como ando, dejé las llaves de la camioneta
dentro, no puedo entrar en el preescolar, ni tampoco regresar a mi casa,
ayúdame por favor.
Ella inmediatamente entro de nuevo a su casa, trajo un palo de
escoba, con el mismo golpeamos con dificultad la puerta de la garita,
hasta que salio el vigilante y nos abrió.
Entramos, ella me acompaño hasta la dirección, su andar era pausado,
durante el largo trayecto me acorralo a preguntas, la mirada de sus ojos
eran acusadores, sus labios dibujaban una cínica sonrisa, volteaba su
cabeza hacia atrás una y otra vez, observando al vigilante.
Aún estaba muy asustada, él todas las noches antes de llegar a
nuestro hogar, solía supervisar las instalaciones del preescolar, al
percatarse de tal descuido se iba a enojar, me iba a comer a gritos, me
humillaría ante ellos,
Eso no sucedió, debido a que David le relato " ... y que la policía se acababa de ir y no lograron apresar a los ladrones".
Hace años, una fresca y clara noche regresaba a casa, recuerdo que iba caminando lentamente por la acera de la calle en compañia de una buena amiga. La brisa acariciaba mi rostro, me sentía fresca, no tenia idea de lo que iba a ocurrir. En un abrir y cerrar de ojos, vi como un hombre joven y negro venia caminando de manera apresurada por la misma acera. Repentinamente estaba frente a mi, con el puño de su mano derecha, me golpeo con furia salvaje mi parte más intima, el dolor me dejo sin respiración, el miedo me paralizo, pero pude voltear hacia atras y ver como se alejaba. Escuche el grito aterrador de mi amiga, reaccione y emprendimos la carrera.
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Siendo muy niña vivía con mis padres y mi hermana mayor en una casa muy grande.
Durante tres días algo muy raro comenzó a ocurrir, aproximadamente a las siete de la noche todas las luces de la casa se apagaban misteriosamente, el silencio era absoluto y sentía que estaba sola. Mi papá aún no regresaba del trabajo.
Cuando esto sucedía me sentaba inmediatamente en el piso, colocando mi rostro sobre las rodillas. Temblando del miedo permanecía en esa posición, con los ojos cerrados, hasta que las luces se volvían a encender.
Al tercer día, cuando las luces se apagaron el hecho me sorprendió en la sala de la casa, tropecé con los muebles, con mi hermana, ella cayó al piso, al mismo tiempo logre ver como de manera fugaz la sombre de un hombre alto, vestido con una gabardina y con un sombrero oscuro se desplazaba de la sala al tinglado de la casa. Comprendí que algo andaba mal ¡!! Tome la mano de mi hermana levantándola del piso y corrimos hacia la puerta de salida a la calle.
Aterradas del miedo atravesamos la calle a ciegas, justo en ese momento circulaba un vehículo, este freno al mismo tiempo que nosotros gritamos, comenzamos a llorar abrazadas en mitad de la calle, el hombre bajo del auto y apenas podía articular palabras, se acercaban los vecinos unos tras otro y preguntaban a gritos ¿Qué paso? ¿Que hacen unas niñas a estas horas en la calle? ¿Dónde está la madre?
Mi ángel sin alas del firmamento llamada Bertica aparta la gente, amorosamente nos toma de la mano, llevándonos de nuevo a nuestra casa, justo en ese momento aparece… entramos y vi la gabardina y el sobrero oscuro sobre la mesa de comer.
Guarde silencio hasta el día de hoy.